PaSioN – Ejerzo de AMA

Mi primera decisión para conocer el mundo de D/s fué aceptar unos cuantos hombres que se ofrecen a mí como esclavos o sumisos. Me costó trabajo dar el primer paso, ya que no me llena ni me atrae tener un hombre que se arrodille ante mí -claro está hablando de circunstancias normales- dada mi inexperiencia, no sabía muy bién como dirigirme a ellos, así que hice una especie de casting: os cuento, a todos les pedí como condición indispensable para aceptarlos como sumisos el que me enviaran un correo, en que tenian que ganarse mi aprobación, las ordenes eran claras y sencillas: hablame de ti, de tus gustos, escribeme un relato o haz lo que tu creas para ganarme .
Esta noche recibí el primer correo. Aqui os lo dejo, sí teneis la paciencia y os da morbo todo vuestro.
En la siguiente entrega os voy a contar las sensaciones que me produjo dicho correo.


Hola Señora, aqui la envio el relato que me solicitó, esperando sea de su agrado. Por mi parte he agregado esta direccion al MSN con la esperanza de poder hablar con Usted. Ya me contara… y si tiene a bien, digame por favor de donde es. A sus pies

EXHIBICION Y DEMOSTRACION A SU AMIGA. En este relato mi Ama me utiliza como demostración a una amiga suya vainilla de que hoy día es posible tener esclavos y de lo bien disciplinado que está el suyo. Esa demostración se produce en casa de su amiga, a la cual va a visitar. Mi Ama previamente me ha aleccionado advirtiéndome que debo saludar correctamente, pero que después ya no podré hablar a no ser que se me pregunte. Que no miraré nunca a su amiga a la cara a no ser que mi Ama o su amiga me lo digan. Que su amiga seguramente no me ordenará nada, pero que si me lo ordena buscaré el consentimiento de mi Ama con la mirada. Que su amiga tiene que quedar impresionada de lo dócil y bien disciplinado que estoy, aunque eso no va a ser tan difícil dado que su amiga es la primera vez que ve algo así. Yo antes de entrar en la casa de la amiga de mi Ama estoy nervioso y excitado. No es una visita por sorpresa, su amiga nos espera, está impaciente por ver la demostración. Al abrir la puerta yo me mantengo detrás de mi Ama y la mirada un poco baja, evitando mirar a su amiga a los ojos. Veo a su amiga de cabeza para abajo. Viste camisa blanca, mostrando canalillo, falda negra por encima de las rodillas y medias y zapatos del mismo color, exactamente igual que mi Ama. Parece que se hubiesen puesto de acuerdo. De alta es como yo y de constitución normal. Entramos y la dueña de la casa cierra la puerta. Ellas se saludan dándose un beso y con unos holas qué tal. “Este es mi esclavo”, dice mi Ama. Yo espero un momento por si su amiga dice algo, viendo que no va a decir nada, yo la saludo: “encantado de conocerla, señora”. A partir de ahí ojito con abrir la boca. La situación es tensa. La amiga de mi Ama se siente cohibida. “Bueno… Pasad al salón y sentaros”, dice. Mi Ama pasa y yo detrás, pero ella se sienta y yo me pongo de pies a su lado, junto a un lateral del sofá, las manos atrás en actitud de espera. La amiga no me quita ojo. Suelta una risa nerviosa y dice “¡¡Anda!!, ¡¡qué divertido!!. ¿No se sienta?”. Mi Ama acto seguido chasca los dedos y señala con el dedo índice de su mano derecha un lugar en el suelo junto a ella, a su derecha. Yo lo interpreto como una orden para ponerme de rodillas a su lado, de modo que así lo hago. Otra cosa es que hubiera señalado sus pies. Obedezco sin precipitarme pero lo suficientemente ligero, de forma segura y evitando parecer torpe. Mi Ama abarca con su mano mi mentón y guía mi cabeza situándola en su regazo. Yo sigo con las manos a la espalda y así tal cual me quedo, quieto. “¿Desde cuando los perros se sientan en el sofá?” le dice a su amiga mientras me acaricia la nuca. “A veces es un poco tonto. Le hace falta más entrenamiento. Tendría que haberse puesto aquí, junto a mis piernas, sin tener que mandárselo.” Mi Ama suspira. “En fin… Todo llegará.” La amiga de mi Ama se pone de pie. “Queréis tomar algo”. Todavía no se ha percatado de que los esclavos no toman nada. “Un refresco de limón” dice mi Ama y con una ligera presión en el cogote me indica que debo actuar. Yo me levanto y me dirijo hacia la puerta de lo que sin duda sería la cocina. “Ya va él. Tú tranquila. Siéntate y pídele lo que quieras. ¡Como doncella, es excelente!.” Localicé los vasos, el abridor, los cubitos de hielo, los refrescos… me entró una duda, ¿cuantos cubitos? mejor no preguntar, opté por localizar un recipiente adecuado y busqué a toda prisa unas pinzas. No había. Entonces una cuchara sopera. Mientras lo preparaba oía que la Amiga preguntaba a mi Ama sobre lo de la doncella. “Si quieres te la presto durante un día” acerté a escuchar claramente cuando salía de la cocina con todo sobre una bandeja. Mi Ama se anticipó a mis dudas. “Puedes hablar”, dijo cuando coloqué la bandeja sobre la mesa de salón. “¿Cuantos hielos, señora?” pregunté a su amiga mientras echaba dos en el vaso de mi Ama. “Dos” respondió ésta. Eché los hielos y después la mitad del contenido de las botella más que como una doncella como un mayordomo, con la mano izquierda atrás y ligeramente inclinado. Cuando terminé regresé junto a mi Ama y me puse de rodillas exactamente en el mismo sitio que antes. La amiga de mi Ama seguía cohibida. Esa situación parecía intimidarle. Mi Ama intentó mantener una conversación con normalidad, al margen completamente de mi presencia, pero sin resultado. Su amiga no podía ignorar mi presencia y se sentía incómoda e incapaz de hablar como si nada. “Vete al baño y enciérrate allí dentro. La luz apagada y la puerta cerrada. Y cierra también la puerta del salón”. Yo en ese momento no sabía si podía o no hablar. Por un lado tenía prohibido hablar y por el otro mi Ama me dijo que podía hacerlo. Consideré que lo más sensato era obedecer en silencio. Lo más seguro es que tal permiso fuera sólo temporal, y con el único propósito de poder servir los refrescos de forma correcta. En un instante estaba completamente a oscuras. El baño ya casi lo estaba cuando entré, y en cuanto cerré la puerta la oscuridad fue total. No sabía ni dónde estaba la taza. Sabía que aunque intentara ver algo, aunque mis ojos se adaptaran a la oscuridad, sería imposible ver nada, de modo que me quedé tranquilo junto a la puerta. Intenté oír algo, pero tampoco. No en vano mi Ama me había dicho que cerrara también la puerta del baño. El rato que estuve allí se me hizo interminable. “Sal”. La luz me molestó. Seguí sus sonoros pasos de vuelta al salón. Su Amiga estaba sentada en el mismo sitio de antes y de igual manera. Habían apurado sus refrescos. “Mira, esto le encanta”. Cogiendo mi mentón con la mano izquierda me cruzó la cara. “Díle a mi amiga cuanto te gusta”. Fijé la mirada en sus pies, recoloqué mis manos a la espalda y le dije “Señora, me encanta que mi Ama me abofetee”. “Otra vez. ¡Más alto y claro!” “Señora, me encanta que mi Ama me abofetee. Eso hace que no se me olviden las cosas. Con eso me demuestra su autoridad y fuerza. Provoca mi excitación y me somete.” Mi Ama señaló de nuevo al suelo. Ahora sí, apuntaba a sus zapatos. Me arrodillé de inmediato y posé mis labios en su zapato Izquierdo. Luego el derecho. Lo besé y subí de las punta del zapato al empeine. Disfrute muchísimo con todos los sentidos puestos en ello. A pocos pasos estaban los pies y piernas de su amiga. Yo los miré, preguntándome si llegaría también a besarlos. En esa posición, adorando sus pies, mi Ama se puso en cluquillas para ponerme el collar. Cuando estuvo apretado en su justa medida, se incorporó y tiró de él. Yo me levanté. Estaba enfrente de su amiga, quien me miraba la entrepierna. Notándolo Mi Ama, miró también. Mi excitación era evidente, no sólo por el bulto, sino por la mancha húmeda que había traspasado la tela. “¿Ves cuanto le encanta?” dijo Mi Ama. La amiga empezaba a disfrutar. Una vez más su mano se estrelló contra mi cara. “Por guarro”. dijo mi Ama. Colocó la correa en mi collar y le acercó el otro extremo a su amiga. “¿quieres practicar un poco?” su amiga cogió la correa. “¿Qué hago?” Pidió ayuda a mi Ama. “No sé. Lo que quieras. Paséalo. Mándale algo. Pégale. Lo que quieras”. Se lo pensó un poco. “Desnúdate” dijo suavemente. Mi Ama soltó una carcajada. Yo me paré desconcertado. “No. Así no.” Dijo. “Tee quieeeero desnuuuuudo ¡YA!” Dio la orden prolongando la palabras como cuando se cuenta para el inicio de una carrera. Al ¡Ya! lo acompañó con unos unos azotes en el trasero. No hizo falta que la amiga de mi Ama soltara la correa. Me desabroché y quité la camisa, luego me quité los zapatos y calcetines y por último el pantalón y los calzoncillos en un periquete. La amiga de mi Ama me observó detenidamente y mi Ama nos observaba a los dos. La amiga tiró de la correa hacia así, yo mantenía las manos colgando a los lados, al percatarme de ello enseguida las entrelacé detrás y avancé. Ella había subido su falda, separado un poco las piernas, me colocó entre ellas. Yo miraba para abajo y contemplé el bonito espectáculo de sus piernas. Mi polla moqueaba y amenazaba ensuciar su falda. “Vete al baño, y te secas. Luego trae otros refrescos”. Así lo hice, ya desnudo y con la correa colgando de mi cuello y dándome excitantes golpecitos en mis partes al andar. Volví al salón con los refrescos, más hielos y otros dos vasos. Los serví exactamente igual que la primera vez. “Acompáñala y límpiala”, me dijo mi Ama. Su amiga, cogiendo de nuevo la correa se dirigió hacia el baño. Al parecer mientras yo estaba en la cocina ya habían hablado de ello. La amiga de mi Ama se bajó las bragas y se sentó en la taza. Yo me puse de junto a ella mirando al suelo. Cuando acaba su abundante meada se puso frete a mi cara. “Vamos” dijo, mientras me ofrecía su coño para que le pasara la lengua. Cuando lo hize, se subió las bragas, dejó caer la falda y regresamos al salón. Mi Ama nos esperaba fumando un cigarrillo. “¿Lo ha hecho bien?” preguntó. “Estupéndamente” fue la respuesta que obtuvo. Señaló los pantalones en el suelo. Yo hice dos cosas. Primero recogí la ropa y la coloqué en un rincón. Segundo quité el cinturón de mis pantalones, el grueso, y se lo dí a mi Ama. “Retira un poco la mesa y colócate sobre ella. De rodillas con el pecho sobre la mesa” Se sentó sobre mi espalda y comenzó la sesión de azotes. Su amiga lo veía a muy poca distancia, a un par de pasos. Fué una sesión de azotes dura, más de lo que normalmente lo son. Metódicamente, no dejo ni un centrímetro de mi culo y de la parte alta de mis muslos sin ser repasada varias veces. No me obligó a contarlos, lo cual seguro a su amiga le hubiera impresionado aún más. Fue una tanda de azotes pausada, pero larga. Yo ansiaba tocarla, echar las manos, que tenía bajo mi cara, hacia atrás y tocar sus tobillos, sus piés. Ansiaba sentir ese contacto. Sabía que no sería posible y que incluso intentarlo podía acentuar la fuerza de los azotes. Intenté centrarme en sentir su culo sobre mi espalda. Le pasó el cinturón a su Amiga. Ella me separaba los glúteos con las manos y su amiga me azotaba en todo el medio, pillando el ano de lleno. No sé cuanto duró. Se me hizo interminable. Cuando mi Ama dió la demostración de castigo por terminada se sentó junto a su amiga. Sabía que ardía en deseos de demostrarle mi sumisión, de entregarme al placer de postrarme ante ella y adorar sus pies. Me ordenó que me diera la vuelta y me encontré con su dedo índice apuntando sus piés. Puse todos mis sentidos en ello. Su amiga acercó los suyos y los besé también con delicadeza. Me permití la libertada de coger un pie por el talón y detenerme en besar su empeine largamente, de acariciar sus tobillos y pantorrilla con la otra mano. Me dejaron hacer en un silencio absoluto. No me planteaba qué pasaría después ni hacía ninguna conjetura. La situación para mí era imprevisible. Estaba muy excitado. “¡Jodeerrr! Dijo la amiga de mi Ama. Se nos ha hecho la hora.” Mi Ama me ordenó vestirme. “¿Repetimos otro día?” preguntó la amiga de mi Ama. “Claro”, respondió ésta. En la puerta, al despedirnos, la amiga de mi Ama no se despidió de mí, ignorando mi presencia. Seguí los pasos de mi Ama hasta el coche, totalmente caliente y fantaseando sobre esa próxima continuación de la demostración. Conduje con suavidad hasta la casa de mi Ama. Allí ella se bajó. “Ojito con masturbarte”, dijo como única despedida. “Si, mi Ama.” respondí, pero ambos sabíamos que me iba a ser imposible no hacerlo.

~ por sexoyfetichismo en marzo 24, 2009.

3 comentarios to “PaSioN – Ejerzo de AMA”

  1. Te comento:Me dio mucho morbo leerlo, lo confieso. Aún así me parece muy fuerte el tener un hombre-perro, será que mi gusto no está en esa línea, me gustan los hombres, los machos. Me gusta mandar a veces y otras que manden. Cambio de roles y desde luego nunca en tales extremosbesos cálidos**BaBy**

  2. Te reomiendo, que cambies de rol; gozaras mucho más. No te lo recomiendo, te lo aseguro.Toma mi mano y sigueme.

  3. Me ha gustado tu blog y tus historis.Haz lo que tengas que hacer y hazlo porque te gusta.Nadie mejor que tu misma para saber lo que quieres y debes hacer. Un abrazo y adelante.

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